Los vecinos reclaman la ermita de Muskilda en el día de su patrona

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Como cada 8 de septiembre, los vecinos de la localidad y del valle de Salazar se acercaron a la ermita de Nuestra Señora de Muskilda para celebrar el día de la patrona. Los otsagiarras, una vez más, pudieron contemplar uno de los actos más arraigados de la localidad protagonizado por los ocho danzantes y la figura del Bobo. Al mismo tiempo, decenas de personas, reivindicaron su desacuerdo por la inscripción de la ermita en el Arzobispado, mediante la puesta de una pegatina que decía: «Muskilda es nuestra» y una pancarta con el mismo lema. Una de las vecinas de la localidad, Vicky Campistegui, mostró su oposición por las formas en las que el Arzobispado habia hecho la escritura de la ermita. «Llevamos desde el siglo XVII luchando por Muskilda porque es nuestra y nos ha dolido que se haya hecho en secreto».

A lo largo de los años, el patronato de Muskilda, laico y presidido por la figura del Mayordomo, se ha defendido de los deseos de la Iglesia. «En 1666, el arzobispo de Pamplona llamó al Patronato de Muskilda y al querer mantener la autonomía, todos los miembros del Patronato fueron excomulgados Además, nos echaron una maldición», explicó Vicky.

baile tradicional Esta lucha no impidió el deseo de los otsagiarras de que la ermita permaneciese al margen de la autoridad eclesiástica hasta 1999. Desde hace 300 años, la Virgen ha contado con un baile propio protagonizado por 8 danzantes y un bobo, encargado de estar atento, dirigir y coordinar los bailes.

Desde el año 1977, el honor de simbolizar este papel ha recaído en Txepi , José Javier Sagardoy. El sentido de este personaje se desconoce: «No hay nada escrito», confirmó Sagardoy, «Algunos historiadores coinciden en señalar que la figura del Bobo evoca al dios Jano por el uso de dos caretas, una blanca y otra negra. Pero son sólo hipótesis», añadió.

Los ocho danzantes comenzaron la jornada bailando el Katxutxa y el Modorro , dos paloteados al son de los gaiteros, y una jota en honor a la Serora, Regina Toni. A sus 91 años ha sido desde siempre la encargada de cuidar la ermita.

Uno de los danzantes, Arturo Hernández, de 32 años, mostró que la Virgen es de Ochagavía con su comentario: «Somos danzantes de la Virgen y desde hace 300 años bailamos en la ermita».

Vestido con el traje tradicional de salacenco, el honor del mayordomo recayó en José Mari Contín Carlosena. Durante un año, se encarga de llevar la contabilidad del templo. «Pedí hace años ser mayordomo porque soy una persona muy devota y me hacía ilusión. Es un día muy bonito que vivo con cariño porque estoy arropado por la gente que me apoya, que también se visten de salacencos», confesó el mayordomo, José Mari Contín.

Un origen confuso
Entre los pasos de la gente se susurra que si bordeas corriendo durante tres veces la ermita de Muskilda encontrarás novio. Su verdad o falsedad se desconoce. De la misma forma, ocurre con las danzas tradicionales. Unos dicen que son bailes relacionados con las tierras para aumentar la producción y otros comentan que son danzas guerreras. No obstante, los vecinos de Ochagavía conocen que desdesde hace 300 años, cada 8 de septiembre, esas danzas primitivas se repiten en el mismo día y en el mismo lugar con el objeto de honrar a su patrona. De generación en generación, las danzas se han convertido en la mayor reliquia de Ochagavía, tanto por su antigüedad como por su tradición. Los danzantes sólo pueden ser personas naturales de la localidad y sólo chicos. La katxutxa , el modorro , el emperador , la dantxa , el pañuelo y la jota son los seis bailes rituales protagonizados por ocho danzantes y la figura del Bobo.

Diario de Noticias, 09/09/2009.

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